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El revés de lo doméstico, una reflexión visual de Andrea Cánepa
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© Andrea Cánepa
Jueves, 11 de Junio de 2009   Valencia, España,
La galería Rosa Santos de Valencia (España), presenta 'el revés de lo doméstico', primera exposición individual de Andrea Cánepa (Lima, 1980).

Small world: mirando el revés de lo doméstico


Para todos los que crecimos en las décadas de 1980 y 1990 el mirar hacia atrás, hacia el cobijo y la seguridad del hogar, sus estructuras y objetos de abrigo, nos lleva a intentar comprender un imaginario colectivo de la nostalgia que nos define como generación. En el caso de Perú, y de Lima específicamente, los niños y adolescentes de clase media vivimos en estos pequeños mundos por mucho tiempo, jugando a la luz de las velas entre las explosiones externas de la violencia social y política[1], arrojados a este espacio de contención, cobijo y restricción física del hogar, de la casa y sus habitaciones. Formamos nuestras identidades mirando el vecindario desde las ventanas de nuestras casas. Crecimos rodeados de pantallas y estímulos artificiales: dibujos animados, videojuegos, pop comercial  y haciendo manualidades que imitaban la tecnología del cobijo. Fuimos espectadores-partícipes de programas infantiles que se convirtieron en el deleite de nuestra evasión cotidiana del mundo de afuera.

No es por ello gratuito que Andrea Cánepa (Lima, 1980) convierta en su primera exposición individual, El revés de lo doméstico, la galería Rosa Santos en una instalación específica para el lugar, transformando su antigua construcción en una nueva arquitectura del hogar. Para lograrlo, la artista ha recolectado distintos objetos que configuran un espacio de memoria abierto a exponer y acoger subjetividades. Busca construir un pequeño hogar, un pequeño mundo de personajes cotidianos, roommies ocasionales que interactúan con un espectador que entra en la dinámica de la cotidianidad mediáticamente, a través de un circuito cerrado, pasando de ser voyeurista a ser protagonista de varias historias paralelas.

Cada ensamblaje o instalación, en los que Cánepa integra patrones gráficos de papel mural, patchworks, dibujos, textos e interfaces electrónicas, nos lleva a configurar miradas personales con respecto a sentirnos extraños o acogidos en este mundo, espectadores o partícipes del juego. Cada planta del edificio se despliega como un tablero de parchís, en el que cada objeto y mensaje es una ficha y una llave para el siguiente nivel, para entender la experiencia sucesiva.

Se respira un control implícito en la protección del hogar y sus paredes. Un control que nos lleva a estar contenidos en un gran vientre de pequeños mundos artificiales. En oposición al mainstream del arte contemporáneo de proyectos grandiosamente complejos, la artista nos conduce a la conclusión de small is beautiful, como dijera alguna vez el científico social austríaco, Leopold Kohr (1909-1994). Pero ese pequeño mundo no excluye complejidades entretejidas en las relaciones personales, el espacio psíquico de los recuerdos y los juegos de la memoria de constantes deja vu.

Salimos de casa como afirmación de nuestra vida adulta, pero reconstituimos constantemente nuestra estructura del hogar, de small world, de querer seguir estando en casa aunque estemos muy lejos de ella. Buscamos en casi todas nuestras pequeñas hazañas cotidianas esa sensación de cobijo entre imágenes, recuerdos, olores o sonidos familiares. Descubrimos nuestras mantas pero nuestras cabezas siguen pegadas al calor de la almohada y recreamos esta experiencia al recostarnos en el césped, sobre el cuerpo de un amigo o viendo cómodamente TV desde un sofá. La odisea de la post-adolescencia, de llegar a casa, encender la TV, seguir estando solos pero acompañados por esos objetos tan comunes y familiares. Se trata de la experiencia de la soledad y del hogar vacío, de la estructura cerrada y deconstruída, de pequeños ambientes que son espejo unos de otros, y de nosotros mismos. De buscar y no encontrar, de meter la cabeza en el horno o entre las sábanas, de mirar el sol o la lluvia siempre desde adentro, desde ese paisaje que registran nuestras ventanas al azar.

Miguel Zegarra
(Lima, 1979)

[1] El conflicto armado interno, entre grupos militares y terroristas, que vivió el Perú entre 1980 y el 2000 ha sido el de mayor duración e impacto en la historia del país. Las acciones de violencia incluían atentados a las centrales de alumbrado eléctrico de las principales ciudades, ocasionando constantes apagones. Para más información ver la web de la Comisión de la Verdad y Reconciliación: www.cverdad.org.pe
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