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AÑO 13 - Lunes, 25 de Marzo de 2019 16:00 Madrid (Spain-Europe)
La exposición se puede visitar hasta el 16 de octubre
Cristina Silván en la galería Astarté
Estamos ante una producción rotunda, donde las obras impactan al espectador desde que éste posa la mirada en ellas.
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Miércoles, 6 de Octubre de 2010   Madrid, España,
Un ejercicio tan básico como ordenar formas y colores en el espacio, esencia de las artes plásticas, constituye el fundamento de valores en el que Cristina Silván apoya su trabajo. Sin embargo, son múltiples los medios que con tal fin utiliza: desde la pintura y escultura, hasta el collage, la fotografía o el vídeo. En esta primera muestra que la Galería Astarté hace de su obra, queda ya significativamente explícita la esencia de una producción tan rigurosa en su realización como evocadora en sus posibles interpretaciones.

La preocupación artística por la construcción de un universo espacial es sin duda un tema de calado fundamental para la Historia del Arte. En este sentido, tanto las pinturas N.S.N (2009) o Cuadros-nueve (2010) como las fotografías V.A.A.O (2010) que aquí se exponen, son algunas de las últimas piezas de Silván en las que esta artista navarra nos invita a pensar y revisar conceptos clave como los de percepción, retícula, monocromía o pliegue.

Estamos ante una producción rotunda, donde las obras impactan al espectador desde que éste posa la mirada en ellas. Sin embargo, la experiencia debe ir más allá de un primer vistazo. A medida que nos acercamos, que transitamos a su alrededor, van revelándose matices, apareciendo sorpresas, despertando inquietudes. La aparente planitud de las formas y colores manifiesta entonces un relieve conseguido a través de recursos como el montaje, la utilización de gamas o las distintas direcciones en la pincelada. Definitivamente esta no es una obra que se limite a explorar el espacio, sino también el tiempo.

Ambos, tercera y cuarta dimensión, derivan en otro aspecto: el movimiento. Así, el trabajo de Cristina Silván se aproxima en cierta medida al arte cinético, en el que la percepción es puesta en jaque ya que las apariencias cambian según la posición en la que el espectador permanezca. Nacen de este modo un espacio y tiempo nuevos, que trascienden la pura visualidad apelando a su desestabilización.

Mirar para ver, y no para creer. Dice Deleuze que el perspectivismo se entiende como verdad de la relatividad (y no como la relatividad de lo verdadero). Así lo sentimos en estas piezas, donde la hostilidad respecto a la representación convencional del espacio no anula sin embargo la posibilidad de encontrar en ellas una fuerza centrífuga y centrípeta, un afuera y un adentro.

Del mismo modo, una nueva paradoja surge si atendemos al carácter antinarrativo de una obra que no está carente en muchos casos de autorreferencialidad en cuanto a su autonomía material. A pesar de que el rechazo a las palabras se haga evidente mediante la utilización de retículas o estructuras geométricas a menudo repetitivas y modulares, el modo de proceder de la artista, permite al espectador reconstruir mentalmente sus propias ficciones. Su método, como el de un Paolo Uccello que dibuja sin cesar mazzocchi, parte de una base científico-geométrica sólida, rígida, pero ambigua. Sin embargo, si el pintor renacentista parte de referencias reales, Silván actúa de forma contraria.

Haciendo una genealogía de la retícula, Rosalind Krauss apunta que sus primeros ejemplos se encuentran ya en el Renacimiento, dentro de los tratados de perspectiva de pintores como el mencionado Uccello. En cambio, si la perspectiva proyecta el espacio, el interés de la retícula discurre por caminos opuestos. Existe, como ella lo llama, cierta ambivalencia esquizofrénica en el poder mítico de la retícula, que nos hace creer que nos encontramos en el ámbito del materialismo, a la vez que nos permite dar rienda suelta a nuestra imaginación. El trabajo de Cristina Silván se mueve continuamente dentro de este tipo de contradicciones que, lejos de anularla, activan y enriquecen su producción.

Si hablamos de la relación paradójica entre los valores de la ciencia y los “espirituales”, es inevitable pensar en Wassily Kandinsky, pionero en usar la forma por la forma, inspirándose en el color. El paso definitivo del punto, la línea y el plano para dejar de representar otros objetos fue empezar a verse a sí mismos como temas del arte, fusionando forma y vacío, como hicieran también artistas de la talla de Malevich o los constructivistas rusos.

La desaparición de la distancia entre sujeto y objeto tiene sin duda en el monocromo su máxima expresión, relacionada de nuevo con la paradoja entre la dimensión espiritual y el carácter concreto. En este sentido, tanto los monocromos negros como la contraposición entre el espacio vacío y las formas flotantes de Silván, son deudores de múltiples referencias. En el primer caso, se hace patente una postura personal que va más allá de una característica de estilo; y en el segundo, sus obras consiguen romper con la planitud neoplasticista al disponer formas geométricas de perfiles recortados con gran precisión que parecen gravitar aisladas sobre la propia pared o sobre fondos pintados, habitualmente negros.

Estas geometrías son siempre concebidas mediante el dibujo y el collage. A veces, ocasionalmente, Silván las realiza en tres dimensiones transformando los bocetos en pequeñas piezas de cartón o papel que construye mediante pliegues y después fotografía. Dichos pliegues, además de transformar la materia, la determinan en su forma y la convierten en expresión. Porque el pliegue aquí no se limita tan sólo a la representación, sino que se transforma en un nuevo modo de hacer. Gratificante gesto o metodología: plegar y desplegar la forma como si de la mirada se tratase. El despliegue no niega al pliegue sino que continúa su labor.

Permanecer atento y abrir bien los ojos, plegando así nuestros párpados, es la mejor manera de aproximarse a esa línea de inflexión latente en una obra que une y separa orden / intuición, vacío / abundancia, materia / alma, color / no-color, descanso / movimiento, exterior / interior...

Sobre la artista
Cristina Silván (Pamplona, 1975) es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca desde 1999. Le han sido otorgados varios premios a lo largo de su carrera artística entre los que cabe destacar el Primer Premio de Pintura Sta. Isabel de Portugal XXIII, de la Diputación Provincial de Zaragoza. Además, en su trayectoria destaca la Beca recibida por la Casa de Velázquez de Madrid (2008-2010). Ha realizado la mayor parte de sus exposiciones individuales en España, aunque su trabajo ha viajado también a otros países europeos como Francia y Holanda. Su obra está presente en numerosas colecciones públicas y privadas como las de la Diputación de Huesca, la Fundación Santa María de Albarracín, el Heraldo de Aragón o la Diputación Provincial de Zaragoza. Esta es su novena exposición individual.
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