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AÑO 11 - Jueves, 27 de Abril de 2017 07:02 Madrid (Spain-Europe)
ENTREVISTA: Jaron Rowan, de YProductions, autor de 'Emprendizajes en cultura'
"El primer error del emprendedor cultural es pensar que la cultura en sí misma es fuente de riqueza"

En esta entrevista, Jaron Rowan desgrana el estado actual del emprendedor cultural. Entre los titulares que dejan sus palabras cabe destacar que "el modelo de industrias creativas, basado en la creatividad individual, ha llegado a su límite de crecimiento y de producción"; que "el estado ha invertido mucho en museos, pero no ha invertido ni en producción ni en distribución ni en visibilidad"; y que "la cultura (...) tiene mucha capacidad para crear valor pero muy poca para recuperarlo". Por último, Jaron está convencido de que "no queda más alternativa que buscar la sostenibilidad" para el futuro del emprendedor cultural.

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Jaron Rowan durante la entrevista en "Traficantes de Sueños".

Foto: nexo5.com

Jueves, 7 de Julio de 2011   Madrid, España,

Hacía tiempo que desde nexo5.com queríamos tener un encuentro con Jaron Rowan. Jaron Rowan es miembro de YProductions, una singular empresa de producción cultural radicada en Barcelona, que trabaja en investigar y aplicar nuevos modelos basados en licencias libres y producción colaborativa dentro de lo que se da en llamar economía de la cultura. Es autor de "Emprendizajes en cultura", libro editado por Traficantes de sueños. En el libro se expresan las conclusiones de varias entrevistas a emprendedores culturales y se estudian los orígenes y el estado actual de las gobernanzas y economías culturales. Es precisamente la sede de Traficantes de sueños en Madrid (C/ Embajadores, 35) la que acoge nuestro encuentro, aprovechando el paso del autor por Madrid, donde está atendiendo algunos compromisos de trabajo y rematando su tesis doctoral. Durante poco más de 30 minutos Jaron contesta amable y generosamente a nuestras preguntas, y desgrana el estado actual del emprendedor cultural, sus posibilidades y prejuicios, su posición frente a la industria, sus problemas con la administración, sus afectos y sus opciones de futuro y sostenibilidad.

 

¿El emprendizaje en cultura es algo impuesto, necesario, natural, buscado por los creadores o inducido por las instituciones?
Es una mezcla un poco de todo. Lo que intento explicar en el libro es que por un lado es verdad que tradicionalmente los modelos de emprendizaje cultural no venían marcado por lo empresarial, lo del dinero siempre se había visto como algo externo, pero desde la década de los 80 cuando se empieza a popularizar la expresión industrias culturales, los gobiernos y las administraciones públicas empiezan a pensar y promover políticas destinadas a favorecer esta transformación del sujeto creativo (creador, artista) en sujeto empresarial. De modo que vemos que hay una serie de políticas que ayudan a que eso pase, vemos cambios de regulaciones que impiden que administraciones públicas puedan trabajar con asociaciones sin ánimo de lucro, obligando a éstas a convertirse en empresa. Por otro lado vemos que hay una gran precariedad en los y las trabajadores culturales que necesitan buscar formas de profesionalizarse para salir de ese agujero encontrando en la empresa esa posible solución, o buscando técnicas más profesionales como formas de sostenibilidad. Así que poco a poco hay una mezcla de todas estas tensiones que acaban desembocando en esta figura de emprendedor o emprendedora cultural.

Para ubicarnos. ¿Qué diferencia hay entre industrias creativas e industrias culturales, y entre éstas y creadores?
El primer término que encontramos de industria cultural es el que acuñan Adorno y Horkheimer en la Dialéctica de la Ilustración (1944), que es un término crítico con toda esta producción cultural serializada (ellos están analizando los grandes estudios de Hollywood), en el que la cultura se convierte en una industria. En la década de los 70 una serie de sociólogos, sobre todo en Francia, empiezan a hablar en plural de industrias culturales, para decir: "no es solo una industria, sino que son muchos modelos industriales, y las empresas culturales comprenden estos grandes grupos que se dedican a producir cultura de forma seriada". Se trata del sector editorial, discográfico, cinematográfico, televisivo, etc. pero siempre pensando en modelos verticales de empresa, en los que hay unas personas que constituyen la empresa y el creador o la creadora trabajan como asalariados, de modo que continúa una idea fordista de una empresa vertical donde los creadores producen contenidos dentro de un sistema que permite la reproducción y distribución de forma masiva. Es en la década de los 90 (en Australia en 1994 y en Reino Unido en 1996) cuando se empieza a introducir el concepto de industrias creativas, cambiando cultural por creativa, intentando introducir bajo este paraguas a todos aquellos agentes que iban más por libre (artistas, diseñadores gráficos, de moda...). Se trata de elementos que producen mucha innovación, normalmente aquella que después capturan las empresas culturales, pero que trabajan en márgenes o de una forma entre lo económico y lo no económico. En ese momento se determina que estos elementos pueden generar mucho valor añadido fuera de cualquier política cultural o económica. Lo que se busca bajo este paraguas de industrias creativas es determinar por un lado cuánto valor están aportando a las industrias culturales, y por otro, proporcionar un modelo económico de emprendedor cultural para que puedan profesionalizarse o extraer algún tipo de renta de su producción cultural.

Luego no hay otro camino más que el emprendizaje creativo
Uno de los problemas viene en la definición de qué son las industrias creativas. La definición que arranca en Reino Unido y Australia, y que asume la UNESCO, habla de industrias basadas en la creatividad individual y el talento que tienen la capacidad de producir beneficios a través de la explotación de la propiedad intelectual. De modo que ya se arrastra a un modelo individualizado y específico de creatividad (se desprecia la idea de creatividad como algo colectivo). Además están los problemas derivados del modelo de propiedad intelectual, que posiblemente define un tipo de empresa pero seguramente no todas las empresas creativas quieren ir por ese modelo. ¿Qué queda fuera de eso? Pues pensar la cultura como una acción más colectiva que, a lo mejor, no encuentra en la figura del emprendedor el único camino, sino que habría que investigar la validez o no de modelos más asociativos, más cooperativos u otros canales, que creo que es ahora lo más importante, en el que estamos viendo plataformas online en las cuales los sujetos están creando mucho valor pero no se identifican a sí mismos como empresarios. La pregunta es: En todo ese tipo de prácticas, ¿qué tipo de modelos se podrían deducir y extrapolar de ellos? Ese trabajo aún no se ha hecho y nos estamos encontrando con los límites y topes del modelo de industrias creativas, que en el fondo son modelos de producción de autoempleo, y lo han generado, pero no han conseguido que eso crezca o produzca otro tipo de rendimientos.

¿Es algo generalizado en el emprendedor creativo estas formas cooperativas que generan outpus de innovación o no?
No es generalizado, en el sentido de que muchos de los programas de promoción de las industrias creativas, que son los que han facilitado la generación actual que vemos de empresas de este tipo, su modelo de acción ha sido muy determinante: han rastreado en cada región qué tipo de elementos creativos (individuo o pequeño colectivo) hay en la zona, y una vez identificados les han convertido en modelos empresariales, porque ellos buscaban el "individuo creativo". Eso ha ido en detrimento de entender otras formas de trabajo o de cooperación en base a comunidades de trabajo más extendidas, o aquellas que no tienen una marca clara pero que son muy productivas, modelos de colaboración incluso sin ser permanentes pero que producen mucho valor añadido porque están elaborando de manera constante, ... Todo ese tipo de elementos han quedado fuera de la mirada de estas entidades regionales, porque seguramente no tienen una propuesta de modelo para ellos. Entonces vemos que lo que ha primado es el creador individual o las pequeñas empresas de dos o tres socios y no se ha sabido entender la naturaleza de estas otras formas de producción. Esto es porque la propiedad intelectual busca al autor individual y no está pensada para creadores colectivos, y por otro lado está el problema en cuanto a la flexibilidad de las entidades jurídicas (individual, asociación, S.A., etc.) que no entienden la discontinuidad del trabajo creativo cultural, discontinuidad no solo en el tiempo, sino en el espacio, en la reagrupación esporádica de personas para un determinado proyecto, etc.

Dando por hecho el empuje que hacen las instituciones hacia este tipo de empresas, ¿qué errores suele cometer el emprendedor cultural a la hora de abordar una actividad de este tipo?
El primer error es pensar que la cultura en sí misma es la fuente de riqueza que nos han prometido, porque para que la cultura sea una fuente de riqueza tiene que haber una escisión: una cosa es lo que las administraciones consideran cultura como un derecho (que es todo lo que se considera experimental o arriesgado), y otra cosa es considerar la cultura como un recurso, aquella que es productiva y que va a generar réditos y rentas. Esa escisión pone en una situación complicada gran parte de las empresas, porque se ven obligadas a ir hacia un tipo de producto que a lo mejor es rentable a corto plazo, pero a medio y largo no aporta nada a la escena cultural. Estas son empresas que se acaban quemando. Por otro lado la experimentación es algo que acontece en márgenes muy protegidos, sin considerar formas de hibridación de las dos partes, esto es ¿cómo sería esa empresa que puede permitirse entender que parte de la riqueza que va a hacer es económica y parte de la riqueza es cultural?. Ésta generaría un modelo híbrido que aporta a la sociedad, pero que al mismo tiempo tiene que generar ventas. El problema es tener que optar por un producto que vas a poder rentabilizar, o por otro que es muy bueno, pero por el que ya tiras la toalla desde el principio. La administración ya te empuja a ello. Por otro lado está el problema intrínseco a la economía de la cultura. La cultura genera rentas externas, esto es, tiene mucha capacidad para crear valor pero muy poca para recuperarlo. Por poner un ejemplo se puede hablar del Sónar en Barcelona: La persona que asiste paga 60 euros por una entrada, que es lo que recauda la organización más las consumiciones que haga esta persona dentro. Ahora bien esa persona que viene de Islandia, coge un avión, dos noches de hotel, comidas, transporte urbano, souvenirs, etc. ha generado toda una serie de rentas mucho más altas y fuera de lo que es el objeto cultural. Lo normal es que el objeto cultural recaude directamente solo el 20% de las rentas, mientras que el otro 80% va para rentas externas. Así que ¿la cultura genera rentas y riqueza? Sí, pero no dentro de la propia cultura. De modo que si quieres realmente capitalizar sobre ese beneficio que genera la cultura dedícate a montar hoteles, pero claro, ya no estás trabajando en cultura. Ahí está la paradoja, y eso es un problema de base que hace que estas empresas culturales tengan difícil una sostenibilidad a medio y largo plazo.

Entonces ¿por qué este microempresario cultural asume la precariedad como algo natural?
Por un lado hay una tradición bohemia del arte que ha generado un imaginario bastante tedioso y lamentable, basando la vida en un malvivir y revalorizando su obra mediante el suicidio. Eso pesa y no se puede olvidar. Pero por otro lado, es verdad que la cultura ha generado modelos económicos que son grandes pirámides en las que algunas pocas élites generan grandes beneficios, y una gran masa genera un poco de beneficio. En la industria musical se ve clarísimo: unos pocos autores hacen grandes giras con contratos y publicidad, otros muchísimos músicos siempre se van a quedar en la fase amateur, y otros cuantos que se van a quedar en el ámbito local pero nunca van a vivir de la actividad o la van a combinar con otras profesiones. Si miras la pirámide la proporción es desastrosa. En arte contemporáneo la proporción negativa es aún más acusada. Sí es verdad que el propio modelo de la economía de la cultura ha permitido que eso pase. Además tenemos unas redes y unas cadenas de valor muy fragmentadas: el estado ha invertido mucho en museos, pero no ha invertido ni en producción ni en distribución ni en visibilidad. Entonces se pierden herramientas, nunca se ha invertido en producir una cadena de valor íntegra en la que estuvieran apoyadas la investigación, la formación, la difusión, la exhibición y el mercado. Las cadenas, pues, están rotas y el microempresario cultural intenta hilvanar esa cadena para poder sobrevivir, de modo que acaba asumiendo que saca unas pequeñas rentas de su actividad cultural, da unas clases, de vez en cuando tiene un bolo o una exposición o una charla, etc. siempre inmerso en una economía etérea que no tiene un modelo muy claro, y acaba considerando que la precariedad es "casi" la forma natural de estar, en un contexto socioeconómico en el que otros sectores se están precarizando también.

¿A tu juicio qué responsabilidad tiene el propio autor y las instituciones culturales (museos, centros de arte, etc.) sobre esta falta de circulación de élites que se produce en el mundo cultural y que impide incluso competir en creatividad?
La parte más cruel en este escenario en el que no tenemos tan claro cómo funciona la economía de la cultura (tenemos que generar rentas externas, tenemos trabajos discontínuos, etc.) todos los modelos de emprendizaje dan mucha responsabilidad al emprendedor o emprendedora cultural: si tu proyecto fracasa es que tú como creador o creadora, como agente cultural, no sabes hacerlo bien. Los museos han propiciado un tipo de trabajo muy concreto, que es el que se remunera al final de todo: después de hacer mi obra quizá consiga exhibirla y ganar algo por ello. Eso ha ido en detrimento de propiciar la investigación a largo plazo, trabajos más prolongados, formas de relación más continuadas con las instituciones, ... En otras palabras se ha dado visibilidad a lo emergente, lo nuevo, lo que tiene impacto. Eso genera rentas a corto plazo pero pasado el momento de visibilidad se acabó o se pasa a formar parte del patrimonio que es una categoría muy abstracta, un cajón de sastre. Entonces ha habido una falta de entender o apoyar un trabajo con más base de investigación, en vez de buscar la visibilidad de los medios el día de la inauguración en productos que desaparecen al cabo de dos días porque no tienen sostenibilidad. Por cierto, que el modelo de museos y centros de arte que se ha generado en el Estado español es completamente insostenible como estamos viendo ahora. Hubo un momento en el que cada Comunidad Autónoma quería tener su propio museo para el que se construían grandes edificios sin pensar en su sostenibilidad económica y cultural.

Una vez analizado esto ¿crees que es posible la comunión entre mercado, industrias creativas, industrias culturales, licencias libres, derechos de autor y procomún sin perpetuar la precariedad?
Es un debate que está muy candente y es difícil dar una respuesta sin ser agorero y sin querer imponer un modelo porque tampoco está claro que lo haya. Lo que hemos visto es que el modelo de industrias creativas, basado en la creatividad individual, ha llegado a su límite de crecimiento y de producción, así como a cierta incapacidad de generar más que algunos autoempleos y bastante precarios. Por otro lado vemos que hay modelos como el del software libre, basado en sistemas completamente colectivos y que no dependen de la propiedad intelectual tal como la hemos conocido, sino en modelos abiertos que nunca se consideran monopolios y esta ausencia de monopolios permite que dejen rentas distribuidas: Muchas personas producen software y muchas personas tienen la capacidad de distribuirlo o proporcionar servicios para ese software. Eso ha generado muchas más pequeñas empresas sostenibles que dependen de la producción colectiva. En cultura nos preguntamos: vamos a ver qué podemos aprender de ese modelo, y ver si licencias Creative Commons u otras licencias abiertas permiten que se generen otros modelos de trabajo y empresa, teniendo en cuenta el modelo de software libre. ¿Qué pasa? Es verdad que tenemos algunos ejemplos que funcionan así, como este mismo de Traficantes de sueños, una editorial que desde el principio apuesta por liberar sus libros y permitir la descarga en red, dando lugar a un trabajo más colaborativo. ¿Es extrapolable este modelo? Sí como idea pero no como modelo. Me explico: estos modelos están muy determinados por el contexto en el que operan y las comunidades con las que participan. Así que van a poder aparecer estos modelos siempre que entiendan la realidad en la que están operando y tengan la capacidad de trabajar de forma muy cercana con las comunidades a las que benefician o con las que están creciendo. Así que es un no modelo, en cuanto a que si el modelo tradicional era una forma de producción que te permitía extraporarlo para hacer otro tipo de productos (neveras, lavadoras, cafeteras, etc.) dentro del modelo fordista, esto se limita a dar ciertas pautas o protocolos de cómo se podría trabajar desde el procomún, desde la colectividad, pero esos protocolos se tienen que negociar siempre, se tienen que adaptar e implementar al recurso que quieres trabajar y la comunidad en la que estás trabajando. Últimamente se está viendo en los foros de trabajo sobre nuevos modelos de negocio, producción y cultura libre que los modelos que están prosperando son aquellos que no son en sí mismos un modelo, no son estandarizables: son fórmulas muy específicas, muy localizadas que entienden muy bien el contexto, y como lo entienden muy bien son capaces de darle una respuesta.

¿Realmente vamos hacia el capitalismo cognitivo o vamos a producir cultura con modelos fordistas?
Nunca hay un solo modelo. En cualquier sociedad capitalista fordista había capitalismo agrícola y capitalismo del conocimiento. Sí que es verdad que cada vez hay más prácticas basadas en el conocimiento, en los afectos (la informática está en todo tipo de trabajo y cada vez hay más gente que depende del ordenador o del móvil para poder producir), lo que no quita que sigamos viendo a todos los que mantienen las fábricas de Google limpiando los suelos, etc. o los que mantienen los enormes servidores en las grandes salas que requieren los procesos informáticos que conocemos como "la nube". Entonces creo que vamos a un contexto cuya base es el conocimiento, pero eso no implica que todo el trabajo sea inmaterial. En cultura el trabajo tiene una parte afectiva que es muy importante: muchos de los tratos que se hacen se hacen en barras de bar, en espacios sociales, con el cuerpo, con la amistad, etc. Entonces vamos hacia eso, creo que la cultura tiene mucho que ver con eso. Creo que cada vez más van a conjugarse modelos como Britney Spears y Lady Gaga, esto es, fenómenos que producen de forma masiva, con muchos fenómenos más pequeños y más localizados capaces de generar su propia renta porque no pasan por el modelo grande. Se van a ir compatibilizando ambos. Siempre va a haber necesidad de grandes artistas, pero también va a haber capacidad de autoproducirse y autodistribuirse en redes más pequeñas pero sostenibles. Lo que estamos viendo es que se empieza a permitir que estos dos modelos puedan coexistir. El tema va a ser si uno pone en riesgo al otro, es decir, si es verdad eso que dicen de la reconversión industrial de la música. No estoy seguro del todo de que el hecho de que haya plataformas libres de autoproducción y autodistribución musical ponga realmente en jaque a las discográficas. Creo que acabarán encontrando modelos híbridos y cada uno por su parte va a desarrollar su propio modelo.

O sea que en tu opinión el futuro es sostenible
Creo que no queda alternativa que buscar la sostenibilidad

Pues muchas gracias por atender a nexo5.com. Si quieres decir algo más este es el momento
Nada más que agradeceros el trabajo a vosotros

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