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AÑO 12 - Miércoles, 13 de Diciembre de 2017 17:38 Madrid (Spain-Europe)
EL INCÓMODO
Un copywriter en la corte del Rey Arturo

De cómo el ingenio andaluz forjó la leyenda de los Caballeros de la Mesa Redonda

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Excalibur (Detalle)

Foto: Pascal

(CC BY 2.0)

Lunes, 19 de Enero de 2015   Madrid, España,

Juan Sánchez nació en la provincia de Sevilla. Según consta en los archivos municipales, su inscripción en el registro se hizo en la localidad sevillana de Lora del Río, pero algunos sitúan su verdadero lugar de nacimiento en el barrio de Triana, donde su madre paseaba sin conocer siquiera que estaba embarazada. El alumbramiento del pequeño Juan se produjo en plena calle y sin dolores de parto. Cuando la madre de Juan le sintió deslizarse por entre sus muslos se levantó las faldas y exclamó con acento andaluz:

- Pero, chiquillo, ¿de dónde sales tú?

Juan fue un niño normal hasta los 28 años, momento en el cual dejó de ser niño para convertirse en copywriter, una de las diferentes especies creativas en el terreno de la publicidad, en concreto aquella que se encarga de la redacción de textos. Hasta ese momento, Juan hacía todas las cosas propias de los niños de su edad. El mismo día de su vigésimo octavo aniversario, cuando su madre colgaba los globos y preparaba los pasteles y las chucherías para la fiesta con los amiguitos, Juan sintió que algo le picaba en la entrepierna. De ese mismo sitio sacó un certificado que le acreditaba como Técnico Creativo en Redacción Publicitaria. Juan miró el papel y exclamó:

- Pero, chiquillo, ¿de dónde sales tú?

Cuando leyó el papel Juan emitió un gallo y su voz se tornó en adulta de repente. Como todo estaba preparado, la fiesta de cumpleaños siguió su curso y terminó en las atracciones de la feria. Allí, Juan y sus amiguitos entraron en el Túnel de la Risa. Todos los amiguitos de Juan salieron sin problemas pero Juan apareció en la Corte del Rey Arturo, justo en la puerta del castillo de Camelot, vestido con el traje de los domingos.

Llamó a la puerta y le abrió un caballero con casco y espada. Juan dijo con el acento propio de los que toman cortadillos de cidra y desayunan tostada con ajo y aceite:

- Hola, soy copywriter, vengo del futuro, concretamente del siglo XXI, y sé lo que ustede nesesitái para pasar a la historia. Quisiera ver personalmente al Rey Arturo. Usté comprenderá que no tengo sita previa.

Cuando la noticia llegó a oídos del Rey Arturo, convocó urgentemente a los Caballeros de la Mesa Redonda.

- ¿Así que dice que viene del siglo XXI? - preguntó el Rey Arturo.
- En efecto. He consultado al oráculo y dice que le parece raro porque no lleva casco de astronauta y luce una mancha de chocolate en la pechera y un zurcido en la manga - afirmó uno de los caballeros.
- ¿Qué es el chocolate?
- Un alimento del futuro.
- ¿Acaso en el siglo XXI no se toma chocolate?
- Tomarse se toma, pero todos sabemos que la ropa del futuro ni se mancha ni se rompe.
- ¿Qué quiere exactamente?
- Hablar contigo. Dice saber cómo hacernos entrar en la historia.

El Rey Arturo se quedó pensativo unos segundos antes de dirigirse a Lancelot.

- Lancelot, ¿tú qué opinas?
- Yo le dejaría entrar y le indagaría para que contara lo que sabe. Si nos interesa lo usamos, y si no, lo colgamos de una jaula en la muralla del castillo.
- ¿Dices que digamos mentira para conseguir nuestros fines? ¿No nos tomarán por españoles?
- No hay peligro, en cualquier caso de nosotros depende que el intruso salga o no de este castillo.
- Que pase.

Juan entró en la sala de la Mesa Redonda.

- Buenos día señore. ¿Cómo va la vida Arturito?
- Sabes que tienes un pie en la hoguera. Dejadnos solos.

Todos salieron.

- Di tu propuesta - increpó el rey.
- La cosa no tiene misterio. Veréis ustede. Tú eres hijo de Uther, un rey de un pueblesito de Inglaterra, que se acostó con la Igraine, la cual estaba hechisada por el mago Merlín para que creyera que tu padre era su esposo. Cuando nasiste, el mago te recogió y te dio en adopsión. A los diesiséi año vas de excursión a Londre, y allí sacas una espada que llevaba la tira de tiempo metida en una piedra. La espada se llama, por ejemplo, Excalibur, y por sacarla te conviertes en rey de Inglaterra. Otras versiones dirán otra cosa, pero no importa, la confusión juega a nuestro favó. Te pasas la vida buscando el Santo Grial, dando palos de siego, sin darte cuenta de que algo tan bueno tiene que estar forsosamente en Sevilla. Antes de sacar tu espada, te habías tirado sin saberlo a una medio hermana tuya llamada Morgana que se quedó embarasada y tuvo un hijo llamado Mordred, que se cabreó muso cuando Lanselot se acostó con tu esposa Ginebra, pero no sé todavía muy bien el porqué, ya inventaremos algo. El caso es que tú te enfada cantidad con Lanselot y lo persigues por toda Inglaterra mientras tu hijo se hase con el reino y, de paso, con tu mujer, la Ginebra, que paresía emborrachá a todos los hombre. Cuando vuelves te enfrentas a tu hijo y os matáis mutuamente. Fin de la historia. Todo esto bien cosinado lo publicamos por distintos medios, con distintas fuentes, con ligeros cambios, y en unos pocos siglos no hay quien te tosa.
- ¿Entonces no encontramos el grial?
- El Lanselot estuvo a punto una vez pero no lo encuentra por tirarse a tu mujer.
- ¡Que se joda!... La historia podría funcionar. ¿Se te ha ocurrido a ti solo?
- No voy a negar que miré de reojo la Wikipedia.
- Ni sé lo que es ni me importa. ¿Qué quieres a cambio?
- Conoser a Merlín, que me devuelva a mi siglo y que le eche un encantamiento a la vesina del tersero para que me quiera.
- Así se hará. Retírate.
- Con dió, Arturito.

Y de esta manera fue cómo Juan, 28 años, copywriter sevillano recién licenciado que se sacó el título de sus mismísimas partes, hizo su proyecto de fin carrera en la Corte del Rey Arturo.

 

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Una artículo de Moreno Bros.

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