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AÑO 11 - Lunes, 26 de Junio de 2017 16:06 Madrid (Spain-Europe)
EL INCÓMODO
Advertainment, amor y gerundings
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Foto: Marg

(CC BY 2.0)

Domingo, 23 de Noviembre de 2014   Madrid, España,

Sólo el zumbido de una mosca rompía el silencio en la habitación. Ella tenía en la lengua el regusto de la soledad. Él estaba acostumbrado a sentir el frío en la piel. Ella tenía la edad suficiente para saber que ciertas preguntas era mejor no hacerlas. Él sabía que callar determinadas respuestas favorecía las caricias de sus manos. Aún así, ambos yacían desnudos en una cálida habitación mediterránea donde aliviaban a partes iguales sus deseos y sus pesadumbres. El dedo índice de ella jugueteaba inquieto con el vello entreverado de canas que cubría el pecho de él. La mosca salió por la ventana abierta. Entonces ella hizo la pregunta casi sin pensar:

 

- Antonio, cariño, ¿a ti te gustan los gerundios?
- Depending - contestó él.

 

Inmediatamente ella se levantó y comenzó a vestirse. Él se excusó diciendo que no volvería a pasar. Que aquella querencia por el gerundio inglés era fruto de ese maldito trabajo de advertising agent, y que desde aquel meeting en la sala de briefing para resolver el advertising space iba count down hacia el point of out. Luego dijo que todo era una broma. Más tarde que la culpa era del advertainment, un híbrido publicitario que combina la publicidad o advertising con el entretenimiento o entertainment. Finalmente dijo que renunciaría sin paliativos al gerundio y al anglicismo, que iría a terapia si fuese necesario, que del gerundio se puede salir, que la amaba...

 

Ella no pudo oír lo último porque ya pisaba la calle tras el portazo. Las excusas primero, las contradicciones después, fueron disparos certeros a las rodillas de la confianza, la cual, pensaba él, caminaría coja entre ellos para el resto de sus días. Una mosca entró en la habitación y zumbó en los oídos de Antonio. La atrapó y la metió en una cajita a modo de jaula. Se preguntó si sería la misma mosca de antes y recordó los momentos felices en que los tres compartieron espacio y silencio.

 

Ella tenía la edad suficiente para aguantar requiebros ocasionales. Él sabía por experiencia que la perseverancia ablandaba las voluntades sabias. Lo primero que hizo fue mirar su tarjeta de visita, negarse a pronunciar aquel apellido sobrado de consonantes de origen islandés, y leer en voz alta:

 

- Antonio... Advertainment Division

 

Lo segundo que hizo fue lo que mejor sabía hacer, sentarse frente a las teclas del ordenador y escribir lo imaginable. Al cabo de unas semanas la llamó. No sin esfuerzo logró invitarla al teatro para ver una pieza breve que él mismo había escrito. Tomaron algo antes de la representación. Él no dijo ningún anglicismo. Ella se cuidó de no hacer preguntas. Ya en el patio de butacas ella lo miraba con deseo de perdonarle. Luego se abrió el telón. Una pareja yacía desnuda y en silencio sobre un lecho desaliñado. Él era publicista adicto al trabajo. Ella reclamaba la atención que se merecía. El teléfono interrumpía su quietud con frecuencia. Él hablaba en una jerga llena de palabros, gerundios y estrambotes. Discutieron. Ella se marchaba con un portazo. Él la decía que la amaba... demasiado tarde.

 

Después de la representación se sentaron a cenar en un sitio acogedor. Por debajo de la mesa, él liberó la mosca para crear el ambiente propicio. Ella se dejó acariciar el rostro. Él dijo:

 

- Aún no te he enseñado lo mejor.

 

Y deslizó frente a sus ojos una tarjeta de visita. Ella leyó:

 

- Antonio Eyjafjallajökull. División de Publimiento

 

Ella esbozó una mueca difícil de calificar.

 

- ¿Me querrás ahora? - dijo él.

 

A lo que ella contestó:

 

- Depending.

 

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Una artículo de Moreno Bros.

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