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Tres artistas para trazar ensoñaciones

La galería Isabel Ignacio (Sevilla) presenta la exposición Ensoñaciones trazadas, con las obras de Felipe Ortega Regalado, Chico López y Jesús Zurita - Laura Acosta presenta la exposición en este artículo y comenta que "las obras que conviven en 'Ensoñaciones trazadas' nos regalan la posibilidad de desentrañar un proceso artístico que a menudo se muestra cerrado a cal y canto. Las cosas no son porque están, sino que mutan constantemente hasta adquirir un sentido único, el que sólo el artista intuye"

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© Felipe Ortega Regalado
Lunes, 30 de Mayo de 2011   Sevilla, España,

Ensoñaciones trazadas se compila entorno al formato concreto del dibujo. No obstante, en esta muestra no se pretende destacar las ya conocidas virtudes del grafito, esas apreciadas e intimistas cualidades que desentrañan confidencias. Esta agrupación de artistas entorno al dibujo responde a un criterio más formal que de medio, a una manera concreta de levantar el lápiz para trazar fantasías y mundos imaginarios. Felipe Ortega-Regalado, Chico López y Jesús Zurita son tres creadores que se cobijan tras el dibujo valiéndose de él para fundar escenas oníricas, tan sólo posibles si desvariamos, escenarios frágiles aunque sólidamente definidos, sinuosos caminos hacia alegorías delirantes, hipogeos atemporales que se perpetúan más allá de un tiempo real.

 

Los trazos, las líneas y los gestos que nos ilustran estos tres creadores, son criptografías figurativas que se comportan como invenciones abstractas, lejanas insinuaciones antropomórficas como los aparatos de Dalí, evocadoras indeterminaciones, construcciones que pudieran ser lo mismo cuerpos matéricos que sombras arrojadas. A veces, con contenidos claramente sexuales y orgánicos, como si fueran una planta de las arquitecturas utópicas de Ledoux, inocentes aunque evidentes a la vez. Estamos ante una figuración que no trata de representar una verdad visual, ya no es mimética sino interpretada, inventada, transformada, un punto de partida para comenzar a construir ficciones y obsesiones que dominan la mano del que dibuja. Como apuntaba Wilde en La decadencia de la mentira, el Arte maneja lo irreal y lo inexistente, y nunca expresa más que a su propio ser.

 

Parece que estos trabajos lleguen a su forma final a través de un proceso de transformaciones inesperadas. Es la maravillosa serendipia, término que emplea el sociólogo Françoise Archer para designar aquello que encontramos por azar, sin buscarlo. El hombre hipermoderno es capaz de sacar partido de lo imprevisto, de estar atento en su exploración sensible y detectar nuevas vías sobre la marcha. Así se muestran las imágenes de estas obras, ricas en metáforas, ávidas de posibilidades, con las huellas estelares de las opciones que se desecharon, como si se integrara también todo aquello de lo que sus autores prescindieron en el proceso creativo. Esta ambivalencia encierra una paradoja intrigante entre lo visible y lo que sensiblemente se intuye. Lo que está frente a nuestros ojos y lo que está prohibido para ellos.

 

Las obras que conviven en Ensoñaciones trazadas nos regalan la posibilidad de desentrañar un proceso artístico que a menudo se muestra cerrado a cal y canto. Las cosas no son porque están, sino que mutan constantemente hasta adquirir un sentido único, el que sólo el artista intuye. A veces el espectador podrá tener la sensación de haber irrumpido en un espacio de realismo sicótico en el que nos afanamos por identificar figuras, volúmenes y representaciones. Sabemos que conocemos los contornos visibles en nuestro imaginario pero no alcanzamos a darle el sentido ordenado que anhelamos. Una vez más se muestran tímidos los senderos que surcan las obras, a través de los chivatos vestigios que reclaman un proceso más que una obra final.

 

Mediante el trabajo de Felipe, Chico y Jesús, conectamos con una cadencia temporal que no es la habitual. El tiempo se colapsa por la ausencia de ritmo. La pausa, el silencio, la contemplación y la atención son elementos capitales que nos restablecen el gusto por el quietismo, por saborear delicadamente lo que uno contempla. Lejos de la lógica de la urgencia que analiza Gilles Lipovetsky, o de la cultura flash, tratada por José Antonio Marina, estas obras nos proponen permanecer y radiografiar sensorialmente la experiencia perceptiva hasta sus últimas consecuencias. Dotar con la calidad de la calma a la mirada, para que ésta descubra poco a poco sensaciones y mensajes posibles que enseguida haremos nuestros. El tiempo que deseemos aprovechar en este intercambio será directamente proporcional a lo que obtengamos de él. Los artistas practican un tipo de hedonismo visual que percibimos inmediatamente, sin embargo, para llegar a entender la otra cara de este inmenso placer, el sufrimiento, debemos casi sentirnos en la piel de sus manos creadoras, desgastadas en cada trazo por el intento de entender su entorno.

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FOTOS
nexo5.com

Rima de sulfuro III, 2011

© Jesús Zurita

nexo5.com

© Chico Lopez

De la exposición Ensoñaciones Trazadas

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TEMAS Artes Visuales,
ETIQUETAS isabel ignacio,
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