Jean Luc Ponty se crió rodeado de partituras: su padre enseñaba violín y su madre piano. No es extraño, entonces, que este normando se haya graduado, a los 18 años y con los máximos honores, en el Conservatoire National Supérieur de Musique de París. Inmediatamente fue contratado por la prestigiosa sinfónica Concerts Lamoureux, donde se mantuvo tres años. Pero su talante curioso lo llevó pronto por otros caminos. Mientras aún estaba en la orquesta acordó tocar el clarinete –instrumento en el que su padre lo había adiestrado- en una banda de jazz universitaria. Un creciente interés por el género más la escucha pertinaz de Miles Davis y John Coltrane lo hicieron probar suerte con el saxo tenor. Sin embargo, el violín seguía siendo su preferido, así que por qué no sacarle sonidos jazzeros. Para ese punto Ponty ya llevaba una peculiar doble vida: de día ensayaba con la orquesta, de noche tocaba hasta las tres de la mañana con los muchachos de la banda. “Naturalmente”, reflexiona, “tuve que hacer una elección, y probé suerte con el jazz”.
Al principio la crítica encontró en el violín un estorbo, ya que no había una tradición en el jazz moderno, un vocabulario legítimo del cual valerse. En otras palabras: nadie había escuchado algo así antes. Atreverse a ese cambio le valió a Ponty con el tiempo un elogio que es toda una definición; dijeron que era un violinista de jazz tan excitante como un saxofonista. Su fama creció de tal modo que a los 22 años lanzó su primer álbum solista, Jazz Long Playing. En 1966 fue el turno de una placa en vivo, que lo reunió en Suiza con tres cuerdas de lujo, Svend Asmussen, Stéphane Grappelli y Stuff Smith. Al año siguiente John Lewis, del Modern Jazz Quartet, lo invitó al Festival de Jazz de Monterrey. Era el desembarco de Ponty en Estados Unidos y no pudo ser mejor, ya que firmó un contrato con una discográfica.
El fin de los 60 y la década del 70 lo encontrarían en una intensa fase creativa y de gran popularidad en Europa. En 1969 Frank Zappa compuso la música del álbum King Kong, que Ponty registró para Blue Note. En 1972 Elton John también lo invitó a grabar. El tema fue que Zappa y su grupo, The Mothers of Invention, querían su incorporación urgente. De manera que Ponty se mudó a Los Angeles con su mujer y sus hijas. Con Zappa grabó Over nite sensation. Eso no quería decir que se dedicara a un solo asunto. Entre otras cosas, completó un par de colaboraciones para John McLaughlin y la Mahavishnu Orchestra.( grabando Visions of the esmerald beyond y Apocalypse) Eso fue hasta 1975, cuando firmó exclusividad con el sello Atlantic Records. Fue el puntapié de las giras alrededor del mundo, muchas ventas y presencia repetida en el top five de jazz de Billboard. Sus discos Aurora, Imaginary Voyage, Enigmatic Ocean y Cosmic Messenger sacudieron el top 40. Ya los secuenciadores lo habían ganado. En 1984, el corto para Individual Choice lo convirtió, junto a Herbie Hancock, en uno de los primeros músicos de jazz en estrenar videoclip.
No obstante las pequeñas y grandes revoluciones musicales, Ponty no olvidó la academia y se dio espacio para tocar junto al New Music Ensemble de Pittsburg y a la Radio City Orchestra de New York. A fines de los 80 grabó dos placas para Columbia. Los 90 lo encontraron combinando, por primera vez, su violín acústico y el electroacústico de cinco cuerdas con los sonidos polirítmicos de África occidental en Tchokola. Fueron ritmos totalmente nuevos para sus oídos, pero no tardó en incorporarlos. Durante dos meses llegó a presentarse en escenarios de Estados Unidos y Canadá con un grupo de músicos africanos expatriados que encontró en la escena francesa.
En 1993 volvió con Atlantic y grabó No Absolute Time. Dos años después lo solicitaron el guitarrista Al Di Meola y el bajista Stanley Clarke. El trío partió de gira por seis meses y dejó registro de su mágica unión en The Rite of Strings.
En 1996 Ponty reagrupó a su banda para grabar una antología, que fue registrada en vivo, ante seis mil espectadores, en Detroit, Michigan. La titularon Le Voyage. Mientras el incansable músico francés volvía a reunir a sus colegas africanos y salía nuevamente de gira, lo seguían convocando nombres como Lalo Schifrin o Regina Carter. Para el año 2001 Ponty no sólo tenía un prestigio bien ganado y una discográfica propia, sino que era reconocido en su país de origen, donde se volvió a afincar. Los años siguientes lo encontrarían viajando por sonidos y países distintos, como India, donde fue invitado a tocar en un festival de world music. El batero Billy Cobham también fue de la partida.
El último álbum de estudio de Ponty y su banda es de 2007 y se llama The Acatama Experience (Universal). Intenta reproducir la sensación que Ponty tuvo cuando conoció el desierto trasandino. La revista especializada Downbeat calificó con cuatro estrellas este trabajo que a muchos recuerda a Enigmatic Ocean, su más influyente álbum de los 70.
Será el jueves 16 de OCTUBRE en el Teatro PLAZA de Montevideo.