Este mes la galería Catarsis acoge la sugerente y magnética propuesta de Marisol Arrieta. La joven artista castellonense, que expone en Madrid por primera vez, llega cargada de una misteriosa energía, profundamente orgánica y femenina, que impregnará durante tres semanas este pequeño y “catártico” microcosmos del barrio de las letras.
Sus creaciones, que aluden al ciclo de la vida y la materia, parecen flotar entre lo onírico, lo emocional y lo simbólico, y cautivan al instante todos los sentidos del espectador. Poseen, en cierto modo, un aire mágico, casi alquímico, e irradian una poderosa fuerza de atracción, un magnetismo casi visceral que procede de la esencia misma de la naturaleza.
Sirviéndose del potencial de los distintos lenguajes para canalizar las ideas y emociones, la artista se expresa, en esta ocasión, en dos tipos de soportes. Combina, por un lado, distintas técnicas gráficas (punta seca, xilografía, linóleo, collage…), mientras modela, con papel de seda, lo que ella llama “esculturas de luz”.
Sus grabados entrañan todo un universo particular de fórmulas, casi rituales, más o menos herméticas, que parecen encerrar los misterios del universo y codificar su orden interno. Y es que la línea es el lenguaje del pensamiento, así como la luz y el color lo son de las emociones. Las esculturas aluden, por tanto, a ese mismo mundo esotérico, pero de forma diferente, a través de modulaciones sensuales y mágicas texturas que conectan directamente con el alma del espectador.
De este modo, Marisol Arrieta combina lo mental y lo irracional, conjugando sus formas plásticas y sus microrrelatos en un mundo de seres orgánicos, híbridos, enigmáticos y metamórficos, que parecen tener vida propia y una inmensa fuerza creativa.
En el fondo, sus obras remiten a lo primitivo y explicitan un deseo latente en el ser humano: el de volver a la tierra, a la “madre” tierra (en un sentido a la vez metafórico y visceral). Su propuesta ilustra un mundo primigenio, casi salvaje, donde se atenúan las fronteras entre bien y mal, entre vida y muerte, un estado esencial de la materia en el que la creación y la destrucción van indisolublemente unidas.
Así es el universo que nos sugiere Marisol Arrieta: una auténtica vía de comunión substancial y espiritual con la Naturaleza.
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, esta joven artista comenzó, hace tan sólo unos años, a abrirse camino en el panorama artístico, y su paso por Catarsis evidencia, una vez más, cuánta magia tiene aún por ofrecer.