Vivimos en tiempos de medias tintas. Me gusta esa frase, salvando el hecho de que la pronuncia Hannibal Lecter en una de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Thomas Harris sobre la vida del refinado caníbal. Debo decir que, a continuación, pide para sí la pena de muerte como un signo de alta civilización. Temido Hannibal (disculpen que en un aparte teatral me dirija a él), las medias tintas nos invaden, pero la vida, como el teatro, puede prescindir de sus formas de caballero y de sus sofisticados gustos culinarios.
Para los que trabajamos con las palabras, encontrar algo indescriptible es una gozada, además de un alivio. La imposibilidad de contarlo nos alivia el trabajo de, como dice Caballero Bonald, pasar una vida buscando un adjetivo. Las descripciones sobran, las etiquetas son banales y superfluas, la realidad es para vivirla.
No dispongo de esa vida que se tarda en adjetivar un verso. Ayer asistimos a un espectáculo teatral en el
Teatro Pradillo de Madrid, y ardo en deseos de contarlo, pero no voy a decir mucho. Después de la representación tuvimos el placer de charlar con los miembros de la compañía y grabamos la conversación. Lo que ellos nos contaron está a disposición de los lectores en un archivo de audio.
El evento fue el estreno en España de '
En las pistas de hielo', una pieza de relojería teatral maquinada por la compañía
Lengua Blanca (Juan José de la Jara y Ana María García) para la comunicación sensorial y visual con el espectador. Fue en el
Teatro Pradillo de Madrid y se enmarcó dentro de la
IX edición de Escena Contemporánea.
Permítanme un aviso que no llega a las amenazas de Hannibal Lecter. Si ven esta pieza anunciada y tienen la posibilidad de asistir, háganlo. Háganlo y sentirán como pocas veces: Asústense, rían y tosan, frunzan el ceño, alivien el gesto, sientan temor, repugnen la mirada, sonrían, huelan, relájense, sigan el compás, traguen saliva, asómbrense, elijan dónde mirar y dónde no... traspasen, siquiera por una vez, la línea que va más allá de las medias tintas.
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Con el agradecimiento a Rafael Gavalle por sus fotos y a Flavia Introzzi por la coordinación.