La galería Catarsis acerca los planteamos renovadores de Xavi Carbonell. La exposición propone generar una polémica aún perversa sobre quienes, al contemplar las obras de un pintor abstracto, dirían "esto lo puede hacer mi niño".
Me mirabas con aire de desdén: tus ojos esgrimían ese suave pestañeo de la curiosidad. A veces, disimulas tu desencanto con una discreta sonrisa pero no eres extranjero en mis percepciones. Finalmente, te atreves: "esto lo podría hacer nuestro hijo", te suelo responder, "ya, pero hazlo tú. Busca un minuto en tu azarosa vida y piérdelo intencionadamente en no decir nada"."¡Ridículo!, este tío es un jeta", ya estás imparable, tu boca sufre de incontinente verborrea.
Yo, que desde luego soy mucho más académica insisto: "Xavi no engaña a nadie porque no se engaña a sí mismo. Desde luego, no pretende disimular que carece de dotes como artista. Es impecable". Él me responde, "has leído demasiados libros". Y continúa: "la vieja historia del Traje del Emperador, ¿la recuerdas?". Es evidente, nadie aspira al ridículo -al menos intencionadamente- En este juego dialéctico durante el desayuno, encuentro en mi memoria una sabia máxima y disparo a bocajarro:”La pintura abstracta es hoy la única manifestación religiosa, en el sentido de metafísica, de nuestro tiempo." (Juan Antonio Gaya Nuño). “Me pasas la leche, por favor”, fueron sus últimas palabras.