Al igual que cualquier registro sobre
movimientos
revolucionarios, Multitud Singular: El arte de resistir tiene una
larga historia. Y, al igual que cualquier proceso
revolucionario,
es incompleto, porque el esfuerzo necesario para
llevarlo a
cabo siempre es mayor que los logros obtenidos. Durante
los
dos años invertidos en el proyecto, los cambios han sido
constantes: se han producido películas nuevas, se han escrito
nuevos libros y, de pronto, vivimos en un tipo de sociedad
diferente
donde la escasez sustituye a la abundancia.
Las primeras conversaciones sobre este
proyecto se remontan
a 2007, cuando la artista Perry Bard, afincada
en Nueva York,
sugirió que organizásemos conjuntamente un programa
de
cine que examinara las relaciones entre arte y política según
la configuración de la sociedad actual. Su idea inicial de
“películas para la ciudadanía” –que en términos generales
puede entenderse como una denuncia de los ataques a la
dignidad
fundamental del hombre y de las relaciones entre
activismo y poder–
fue una especie de premonición del caos
financiero a punto de
extenderse por todo el mundo.
En efecto, los recientes y dramáticos
acontecimientos han
dejado claro que una economía en peligro puede
vulnerar
directamente derechos sociales y laborales. Multitud
Singular:
El arte de resistir pretende asomarse a nuevas formas de
pensamiento sobre la idea de revolución, la idea de activismo
y la
idea de que actualmente tenemos que buscar nuevas
estrategias de
salida cuando los recursos son escasos.
Reúne una ecléctica
selección de obras mediáticas: películas
independientes y
experimentales y vídeos exploratorios,
muchos de ellos creados para
galerías de arte y museos.
Estas obras responden al deseo de sus
autores de investigar
las ilimitadas posibilidades existentes en los
lindes del gusto
oficial y las circunstancias político sociales del
presente,
mientras rememoran sucesos, revelan traumas, median en el
recuerdo y producen contraimágenes en el arte y la sociedad
contemporáneas.
De modos distintos, la mayoría de los filmes seleccionados
se
centran en la idea de la insurrección y son ejemplo de la
singularidad de esos movimientos, capaces de movilizar a
personas o
a grupos de personas para apoyar su causa
“singular”. También
muestran la no linealidad de cualquier
movimiento que busca el
cambio y ponen de manifiesto la
irregularidad de los procesos
revolucionarios.
Por último, junto al programa audiovisual, el alcance de
Multitud
Singular: El arte de resistir es también el de un
proyecto
multidisciplinar –que incluye conferencias y una
performance
producida ex profeso–, que expone declaraciones
en una esfera
pública, situada más allá del espectáculo de los
medios de
comunicación y que indica cómo los movimientos
colectivos son
quizá una de las pocas opciones que nos
quedan si queremos
asomarnos al presente.
Berta Sichel