Llega febrero, y con él, la cita anual de EL CORTE INGLÉS con las artes
plásticas a través de cuatro escaparates encargados a relevantes
artistas de nuestra escena.
Cita paralela a ARCOmadrid que se ha consolidado con el deseo de poner
el arte al alcance del paseante.
Los elegidos este año para este CIUDADES-CITIES, de la fundacional
calle Preciados, son MARTÍN CHIRINO, MIQUEL NAVARRO, DANIEL CANOGAR y
DIANA LARREA,
a los que cito en el estricto orden de su aparición en la escena de
nuestra historia del arte. A los cuatro se les ha propuesto una
meditación sobre la ciudad, ámbito
de la modernidad por excelencia, del siglo XIX hasta hoy, y los cuatro
han respondido a la solicitud con entusiasmo y lucidez.
MARTÍN CHIRINO (Las Palmas de Gran Canaria, 1925) es el más
veterano de los cuatro. Tras estudiar Bellas Artes en el Madrid de la
inmediata posguerra, a comienzos de la década siguiente lo encontramos
metido en aventuras vanguardistas. Miembro del grupo El Paso, en 1960,
junto a otros de sus compañeros, participó en la
colectiva española del MoMA de Nueva York, ciudad en la cual terminaría
pasando largas estancias. La obra chirinesca hunde sus raíces en la
prehistoria canaria,
fundamento de sus Vientos en espiral, y se alza luego como dibujo en el
aire, algo que está especialmente claro en sus Aeróvoros. Aunque
durante los años ochenta
y noventa dedicó parte de sus energías a la gestión (primero la
presidencia del Círculo de Bellas Artes madrileño, luego el sueño del
CAAM, Centro Atlántico de Arte
Moderno, en su ciudad natal), hoy, a sus ochenta y cinco años, el
escultor sigue enfrentándose a nuevos retos expresivos. En la forja, en
la que es un consumado
maestro, o, como es el caso aquí, en Balos, aceptando una situación
nueva para él, cual es la de las nuevas tecnologías. Que Chirino,
volviendo sobre el barranco de
Balos –uno de los espacios míticos donde dejaron su huella los
primitivos habitantes del archipiélago canario– y volviendo sobre su
clásica espiral, la haya realizado
en clave virtual, constituye todo un acontecimiento.
Valenciano del arrabal de Valencia, para MIQUEL NAVARRO
(Mislata, 1945), como lo explicaba hace unos meses en su discurso de
ingreso en la Real Academia de
Bellas Artes de San Fernando, fue muy importante ese paisaje suburbial,
de huerta y a la vez de construcciones industriales, que pronto le
condujeron a reflexionar
sobre la pintura metafísica y novecentista italiana, y muy
especialmente sobre Giorgio de Chirico y Mario Sironi. Miquel Navarro
irrumpió en escena a comienzos de
los setenta con sus Ciudades, primero en gres y posteriormente en
metal. Su obra, en gran medida conservada en el IVAM, se ha visto en
numerosos museos, centros de arte y galerías de arte de todo el mundo.
Minerva en tránsito, su escaparate para El Corte Inglés, constituye una
nueva propuesta urbana, otra más de sus
ciudades en barro cocido, presidida por el yelmo de su clásica Minerva
–inspirada en la del Círculo de Bellas Artes–, y desarrolla algunos de
los motivos habituales
de su obra: fuerza simbólica, claridad constructiva compatible con el
enigma y la sombra, reflexión arquitectónica, humor...
DANIEL CANOGAR (Madrid, 1964), cuyo apellido remite a un
background históricamente denso, estudió Ciencias de la Imagen en su
ciudad natal, ampliando luego
estudios en el extranjero. Trabaja la fotografía, la imagen en
movimiento, la instalación. Su primera individual tuvo lugar en 1985 en
la Galería Aele. Luego han venido muestras en la Fundación Telefónica,
en La Panera (Lérida) o en el Centre d'Art Santa Mònica (Barcelona).
Entre sus intervenciones urbanas, recordemos, en el
mismo Madrid, Clandestinos, videoproyección sobre la Puerta de Alcalá
para la Noche en Blanco de 2006. Es, por lo demás, uno de los artistas
de su generación más
presentes en la escena internacional. Ha desarrollado una faceta de
ensayista: ver su libro de 1992 sobre las Exposiciones Universales como
ciudades efímeras. Lejos
de la fascinación ingenua ante la tecnología, ha sabido domesticarla,
ponerla al servicio de un proyecto crítico y reflexivo, y que a la vez,
con las viejas linternas mágicas en la memoria, no rehúye la poesía o un cierto onirismo. Durante
este semestre, el de la presidencia española de la Comunidad Europea,
Travesías, una monumental instalación suya, una pantalla ondulante de treinta y tres
metros de ancho, preside el hall del Consejo de la Unión Europea, en
Bruselas. Para El Corte Inglés,
Daniel Canogar, dentro de un espíritu relativamente similar, ha creado,
bajo el título Scanner, otra instalación inmaterial y luminosa, con
algo, como él mismo comenta, de manojo, de maraña o de telaraña de
cables, y también algo de orgánico, de antropomorfo.
DIANA LARREA (Madrid, 1972), por último, que estudió en la
Facultad de Bellas Artes de Madrid, es instaladora y videoartista,
aunque tampoco rehúye el desafío del
dibujo. Entre sus instalaciones recientes destaca Electrocosmos (2008),
en la Fundació Miró de Barcelona, a partir de la idea mironiana de
constelación, y a la vez inscrita en la moderna tradición del neón, que cuenta con representantes
tan ilustres como Lucio Fontana, Chryssa o Dan Flavin. Todos
recordamos, por lo demás, dentro del programa Madrid abierto de 2004,
su Palacio encantado:
la fachada de la Casa de América, en la céntrica plaza de la Cibeles,
recubierta de pájaros hitchockianos. Ahora, para El Corte Inglés, esta artista, que se expresa
siempre con una claridad que debe ser contemplada en la perspectiva
post-minimalista, y a la vez
siempre embarcada en una meditación sobre la arquitectura y el
urbanismo contemporáneos, nos propone, desde la memoria de las utopías
a lo Le Corbusier, una
Colmena humana iluminada en la noche.
JUAN MANUEL BONET (crítico de arte)