A veces, algunas veces, hay exposiciones que vienen a subsanar un olvido. Giorgio Griffa llega y llena la Galería Rafael Pérez Hernando, que mostrando su obra hace justicia a un artista cuyo trabajo se caracteriza por el análisis puro del gesto, del color, de la línea, de los ritmos de los signos, un artista que abandonó hace tiempo cualquier voluntad representativa y al hacerlo escribió su nombre en la página de la historia de la pintura conceptual abstracta, incluso mística, del arte italiano. La muestra estará en la galería madrileña del 15 de abril al 31 de julio.
Giorgio Griffa (Turín, 1936) defendió con ahínco el movimiento italiano "Pittura-Pittura" que se dio a finales de los años sesenta, en la que un grupo de artistas mantuvo a ultranza que la Pintura no ha muerto, que a pesar de la fotografía y de los nuevos medios audiovisuales y tecnológicos, la Pintura no puede olvidar sus miles de años de historia.
Que nadie se confunda: aunque asegura que no es amigo de teorizar (menos aún de hacer declaraciones ideológicas sobre su pintura) sus obras son fruto de una profunda meditación que podemos seguir en Post-Scriptum, texto escrito por Griffa en el 2005, fundamento teórico-filosófico de su obra, que ha sido definida por Maurizio Fagiolo como "una propuesta de silencio". En Post-Scriptum, Griffa reproduce unas 70 obras junto con sus reflexiones, y afirma "These notes are for those who think my painting is a more or less elegant exercise in decorative aestheticism. I would like to tell them that I believe and trust in the lyrical value of color and signs, but I do not think of painting...as an escape from reality, a free zone. Just the opposite: I believe art continues to be a tool of awareness and therefore of immersion in reality" (Estas notas están para las personas que piensen que mi pintura es ejercicio más o menos elegante en el esteticismo decorativo. Quisiera decirles que creo y confío en el valor lírico del color y los signos, pero no pienso en la pintura… como escape de la realidad, una zona franca. Acaso lo contrario: Creo que el arte continúa siendo una herramienta de la conciencia y por lo tanto de la inmersión en la realidad).
"Yo no represento nada, yo pinto." Giorgio Griffa explicaba así su trabajo a principios del los 70, época en la que ya se distinguía por los rasgos que llegarían a ser su marca: estilo pictórico minimalista, obras cuajadas de signos muy personales que en no pocas ocasiones atravesaban la tela, uno tras otro, como las huellas que dejan los pies cuando se camina sobre la arena, en las que el tiempo está detenido, y el espacio permanece indefinido. "El Arte necesita de la Pintura porque utiliza su lenguaje, que es al mismo tiempo luz y oscuridad, racionalidad y emoción, aire y viento."
Obras que son gestos, fruto de pinceladas repartidas sobre lienzos de algodón, lino o cáñamo que Griffa no oculta, que deja al aire, lienzos que Griffa ofrece a nuestros ojos libres de marcos, manera de liberar la pintura, de presentarla como una idea de tránsito, de flujo, de movimiento... Nada puede imponerse a la presencia desnuda del cuadro, nada debe violar o constreñir la tela. Una decisión más prática que ideológica: "Mostrar mi pintura de la manera más parecida posible a las condiciones en las que yo pinto".
Esta exposición acoge una muestra histórica de la obra de los setenta, acompañada de una colección de acuarelas recientes, y se realiza en colaboración con la Galleria Fumagalli de Bérgamo, Italia.