El próximo 11 y 12 de mayo se subastará en Madrid con un precio de salida de 60.000 euros - Fue publicado por primera vez en la revista "Verve" en 1938 para ilustrar el texto: "Granada (paraíso cerrado para muchos)" - Poco después se incluye en la primera edición en habla hispana de "Poeta en Nueva York", editado en Méjico por Bergamín en 1940 - La exposición será del 29 de Abril al 10 de Mayo
Algunos componentes del Grupo del 27. En primer término: Pedro Salinas, Ignacio Sánchez Mejías y Jorge Guillén. Detrás: Antonio Marichalar, José Bergamín, Corpus Barga, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca y Dámaso Alonso.
Foto: Marcelle Auclair, 1933
Entregado por Lorca a José Bergamín en la primavera de 1936, poco antes de la muerte del poeta, ha estado hasta hoy en paradero desconocido, y se ha convertido, desde que José Bergamín lo eligiese para ilustrar "Poeta en Nueva York", en el dibujo más emblemático e importante de Federico García Lorca.
A finales de Junio de 1929 Lorca viaja a Nueva York invitado para dar unas conferencias pero también por la necesidad de un cambio de aires que le hiciera salir de su estado pesimista y depresivo tras un fracaso sentimental, los dilemas interiores sobre su condición sexual y la situación política en España.
Según cuenta Andrés Sorel, a Lorca le impacto profundamente la sociedad norteamericana, sintiendo desde el inicio de su estancia una profunda aversión hacia el capitalismo y la industrialización de la sociedad moderna, al tiempo que repudiaba el trato dispensado a la minoría de color. En este contexto escribe "Poeta en Nueva York", que fue para Lorca un grito de horror, de denuncia contra la injusticia y la discriminación, contra la deshumanización de la sociedad moderna y la alienación del ser humano, al tiempo que reclamaba una nueva dimensión humana donde predominase la libertad y la justicia, el amor y la belleza (Andrés Sorel, "Yo, García Lorca", 1997, p.112).
Además de los poemas, Lorca realiza una serie de dibujos con él de protagonista absoluto y donde describe sus sensaciones en la gran ciudad. Son autorretratos donde se representa de manera esquemática e inquietante: cabeza extremadamente grande con forma de huevo que más se asemeja a una máscara, cejas muy pobladas, ojos pequeños e inexpresivos, lunas que simbolizan sus lunares, cuerpo y brazos que se reducen a unas pocas líneas y frágiles manos que intentan defenderlo de una serie de bestias que le atacan. Tres de las bestias tienen crines sin ser caballos y la cuarta cinco patas y cabeza con cuerno de animal prehistórico.
Las bestias fabulosas, muy presentes en todos los autorretratos que realizó en Nueva York, podrían significar la visión apocalíptica del poeta sobre la sociedad moderna norteamericana. Mario Hernández sugiere una relación entre este tipo de bestias y las que aparecen dibujadas en los libros de "beatos" medievales acompañando a textos del Apocalipsis (Hernández, "Libro de los dibujos de FGL", 1990, p.130). Según Helen Oppenheimer los animales también podrían simbolizar a las minorías de color que en aquel momento sufrían la opresión de los blancos en Estados Unidos así como en España era la minoría gitana la que la sufría y que también fue un tema de preocupación de Lorca ("Romancero gitano"). También simbolizarían la nostalgia de su infancia perdida y la ausencia en Nueva York de vida libre y natural. Podrían ser una amenaza, como lo es un ser que sufre el maltrato continuado de su opresor y se revela contra el, pero también podrían estar consolando al autor (Oppenheimer, 1986, pp.87 y 89).
De fondo están los rascacielos de la ciudad de Nueva York donde algunas de las ventanas han sido sustituidas por números y letras del abecedario. Mario Hernández relaciona estos número y letras con el poema lorquiano: "Nueva York. Oficina y denuncia" (Hernández, 1987, p.84) y que es un grito de protesta contra la sociedad de consumo. Para Oppenheimer significan cantidades: cantidades de gente, el sistema de producción masiva, el gran tamaño en que las cosas se hacen en América, etc...(Oppenheimer, op. cit, p.90).
Por la azotea de uno de los edificios vemos otro ser con cabeza humana, orejas con forma de alas de mosca y cuerpo con forma de terminaciones nerviosas o raíces de plantas que Oppenheimer identifica como un símbolo del propio Lorca. Su semejanza a la forma de la fruta alada del sicomoro que según cae del árbol es llevada por el viento y descubre su semilla, sería una metáfora de la situación del propio artista que se siente desplazado y busca un lugar donde echar raíces (Oppenheimer, op.cit, pp.87 y 89).
En el ángulo inferior izquierdo una planta parece querer surgir del asfalto, oprimida y contaminada por la sociedad industrializada.
El dibujo y el manuscrito de "Poeta en Nueva York" fue entregado por Lorca a José Bergamín en la primavera de 1936, poco antes de la muerte del poeta, y fue publicado por primera vez en la revista "Verve" en 1938 para ilustrar el texto: "Granada (paraíso cerrado para muchos)". Poco después se incluye en la primera edición en habla hispana de "Poeta en Nueva York", editado en Méjico por Bergamín en 1940. Desde entonces el dibujo se identifica con "Poeta en Nueva York" aunque Lorca nunca pensó ilustrar el texto con dibujos sino con dieciocho fotografías descriptivas de los poemas. En el año 1947 pasa a manos del famoso compositor Juan Vicente Lecuna, amigo de Bergamín en Caracas y desde entonces ha permanecido en la colección familiar. Hoy tenemos la suerte de poder volver a contemplar este maravilloso dibujo de Lorca tantos años oculto, síntesis visual de sus pensamientos y emociones.
Federico García Lorca
(Fuente Vaqueros, Granada, 1898 -1936)
"Autorretrato en Nueva York", h.1929-31
Tinta sobre papel.
25 x 20,2 cms.
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