Dentro de la Programación Cultural que oferta el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza para los meses de la Expo Zaragoza 2008, la Galería Antonia Puyó participa, con la primera exposición individual en la ciudad del artista José Noguero bajo el nombre de “Silencio”.
José Noguero nos muestra en su último trabajo la escenografia emocional de una historia, sin el elemento accidental de los personajes. Como nos dirá Miguel Cereceda “...Al ocuparse de la articulación espacial, el escultor se libera de la anécdota de los personajes...” La avidez con que estas situaciones son fotografiadas tras haber sido cuidadosamente preparadas, revelan el carácter provisional del instante y la densidad poética de la intención del artista. “Sus creaciones son sobre todo en primer lugar, espacios y en ellos la escultura se compromete más que con el objeto, con el entorno, como ámbito de posibilidades expresivas, como escenario. Sólo en segundo lugar son sus escenografías además espacios de representación posible, escenarios concretos para historias concretas. En ellos entonces reaparece ocasionalmente algún elemento simbólico o expresivo que tiende a reafirmarlos como espacios de representación. En algunos de estos espacios expresivos aparecía la escultura arrinconada como escombro, como pequeño montoncito de escombros, a veces recogida en un saquito, evocando precisamente esa muerte, esa ausencia o ese olvido de la propia escultura. En otros sin embargo el espacio se presenta como ámbito de una libertad posible, espacios silenciosos, azules, ingrávidos. Más que espacios etéreos o atmosféricos aparecen ahora como espacios acuáticos, luminosos y silenciosos, en los que unos seres alados, silenciosos y flotantes, transforman unas cajas vacías en un espacio ilusorio, semejante a un acuario o a un gigantesco océano de sobremesa.
En muchos de sus trabajos se ha servido José Noguero de la imagen del animal, que suele representar con la minuciosidad propia de un delicado tallista, para yuxtaponerla a estos espacios vacíos o escenarios. En ellos lo que el animal representa es si acaso su indefensión, su fragilidad, su abandono, a la vez que su independencia y su misteriosa belleza. A veces se trata de perros solitarios, a veces de ciervos, de toros o de caballos. En muchas ocasiones sin embargo Noguero se ha interesado por la imagen de ballenas, de tortugas marinas o por la de un tipo especial de delfín blanco, al que mucha gente confunde con las ballenas: la beluga. Pero en todos los casos en que se sirve de la figura de animales, así como también en los casos en que utiliza la imagen de personas, el artista gusta de subrayar la inmensidad del espacio escenográfico, frente a la pequeñez de sus figuras. Con ello busca sin duda subrayar la importancia del espacio, así como también la soledad, la indefensión y el silencio en que los seres vivos nos encontramos frente a la inmensidad del infinito”.(1)
(1) Fragmento del texto La escena del crimen, de Miguel Cereceda para la Galería Antonia Puyó