En estos momentos de transición, diríamos de reconversión, inevitable de las industrias culturales, hay elementos que ya se perfilan como opciones de futuro. Una de ellas es el avance de la legislación (..) Otro es el camino sin retorno que han alcanzado los hábitos de consumo culturales, los cuales se han modificado de manera irreversible. (...) Así las cosas, se puede hacer al menos una predicción de futuro: la industria establecida, cómoda en sus modelos actuales de exclusión, aprovechará la legislación para crear plataformas que se adapten a los nuevos hábitos de consumo. Sin embargo esto puede crear nuevas desigualdades que sería bueno plantear desde un principio.